Los gabinetes de comunicación no solo facilitan la labor
del periodista, sino que además son imprescindibles. Imprescindibles porque hoy
día existe una saturación de medios que a cada instante quieren contactar con
empresas, políticos y personalidades, así que la mejor forma de organizar y
canalizar esas peticiones es a través de un solo contacto, cuya única
dedicación sea esta. Quizá podría entenderse incluso como una democratización
de la relación entre medios e instituciones: las fuentes, en este caso los
gabinetes, habrán de consensuar una respuesta para todos los medios, de manera
que ninguno tendrá ventajas informativas
sobre el resto.
Esto, a su vez, es también un problema. ¿No se está
limitando entonces la habilidad del periodista para conseguir información
original, para sortear el discurso prestablecido por el jefe de prensa? Además,
¿acaso no se están acostumbrando los periodistas a conseguir respuestas
inmediatas a través de los gabinetes de comunicación en vez de preguntar
directamente a los protagonistas de la noticia y tener así la oportunidad de
repreguntar tantas veces como estimen oportuno?
Los profesionales de la información tienen que ser
conscientes de que si los productos que les envían los gabinetes cada vez
facilitan más su labor es porque estos saben que así tienen más probabilidades
de seducir al periodista y acabar colocando su mensaje. Los gabinetes comunican
y publicitan a través del márketing (facilitar el trabajo del periodista es
pura mercadotecnia) y el ejercicio del periodista no es otro que plasmar las
versiones de unos y otros e investigar qué hay de cierto en ellas. Es decir,
contrastar.


