miércoles, 11 de mayo de 2016

"Solo un 30% de lo que gano procede del tabaco"

Se llama Herme, tiene 52 años y ha pasado casi toda su vida rodeada de cajetillas de tabaco. Empezó muy joven a ayudar en el estanco de su padre, el único que había en todo el pueblo, y cuando este murió ella seguía siendo joven y no tenía trabajo, así que se armó de paciencia y decidió quedarse (esta vez ya sin muchas aspiraciones de progresar) al otro lado del mostrador.


¿Fumas?

[Risas] Sí. No sé si esperabas un no por respuesta, pero fumo desde hace muchos años.

¿Tuvo tu primer cigarrillo alguna relación con el estanco de tu padre?

[Risas] Así es. Tenía un par de amigas, de mi edad, unos 14 años, que fumaban desde hacía no mucho. A veces les seguía dando la tos de lo mal que tragaban el humo, cuando lo tragaban. El caso es que lo días que mi padre se iba a Cuenca a comprar el tabaco de toda la semana, yo me quedaba despachando en el estanco y mis amigas venían a hacerme compañía. A hacerme compañía y a fumarse los pitillos gratis en la trastienda. Mi padre era un gran fumador y no le era fiel a ninguna marca, así que tenía siempre cincuenta cajetillas abiertas de tabacos muy variopintos. Mis amigas probaban uno, otro y luego otro. Una tarde dieron con uno que les gustó muchísimo. Además, no tosieron lo más mínimo. A mí me picó la curiosidad, así que les pedí una calada. Yo sí que tosí, pero desde entonces no he parado.

Supongo que el éxito de tu negocio se debe a momentos tan inocentes como ese.

Es una pena, lo digo sinceramente, pero es así. El tabaco te quita y te provoca la ansiedad, te integra en pequeños grupos de conversación eternos y, cuando tienes 14 años, crees que cada calada que le pegas a un cigarro te suma años.

En realidad te los resta, ¿cómo os ha afectado a los estanqueros la pésima prensa del tabaco?

Las ventas han caído en picado en los últimos años, concretamente desde que se aprobó la Ley Antitabaco. Hubo mucha gente que aprovechó la prohibición de fumar en los espacios públicos para intentar dejarlo. Y debe ser que muchos lo consiguieron, porque es verdad que perdimos en los tres años siguientes un 20% del negocio. Por lo menos nosotros.

Aun así yo soy bastante de tirar piedras contra mi tejado en este tema. Entiendo perfectamente que los bares están hechos para el vicio, para la bebida, el juego, el tabaco y los empachos. Pero entiendo también que nadie tiene por qué tragarse mi humo, y mucho menos el de todos, como es el caso de los camareros. No sé a quién le escuché decir que ese humo es el fantasma del cáncer. Touché.

¿Cómo de importante ha sido para tu negocio la falta de competitividad?

Durante muchos años fue vital. Hoy día tengo mis dudas.

¿Por qué?

Porque ahora solo un 30% de lo que gano procede del tabaco. El resto son chucherías, periódicos y revistas, juguetes, material de oficina... Quizá parezca una tontería, y quizá no sea el mejor sitio para venderle unos gusanitos a un niño pequeño, pero gracias a esas tonterías puede seguir abierto este negocio.



El ESTANCO DE PRIEGO es una empresa familiar, unipersonal, que vende 200 paquetes de tabaco al día en una población de 1.000 habitantes. No obstante, el 70% de sus beneficios proceden de la venta de otros productos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario